Época virreinal

Cañerías

“¡Agua va!”, gritaban desde las ventanas en el siglo XVIII para avisar a los transeúntes sobre el peligro que corrían al proceder a descargar las aguas de las bacinicas. En aquel siglo, los tapatíos hacían sus necesidades fisiológicas en las calles, y a pesar de que los capellanes pintaban “la Santísima Cruz” en las paredes de las iglesias que daban a la calle, los infractores seguían haciendo sus fechorías. En 1808 se ordenó la construcción de caños subterráneos para que “esta ciudad se desahogue de tantas suciedades, como multitud de caños hediondos”. Paralelamente, a fines del siglo XVIII empezó a usarse el carretón de la basura arrastrado por mulas y en el XIX se daba el contrato de recolección de basura a quien dispusiera de “seis carretones o los que fuera necesarios”, se encargara de la compostura de los empedrados y desbordara los basureros. Los carretones debían pasar cada tercer día y tenían la obligación de reportar a quien tirara en la calle estiércol o escombros. Si el contratista no cumplía, era multado por los jueces de policías. Con la modernidad los camiones sustituyeron a las mulas pero la costumbre de llamarlos “carretones” de basura aún persiste.

Autor: Nuria Blanchart
<< Anterior Siguiente >>