Época virreinal

La fiesta brava

Al principio, las corridas de toros procuraban realzar sucesos políticos importantes que se daban a conocer en dicha fiesta brava. Diversas sedes han sido testigos de las corridas de toros en Guadalajara. En el siglo XVIII, el redondel se acondicionaba en la Plaza de Armas. En el siguiente siglo se edificaban plazas provisionales de madera, que se destruían al terminar la temporada, hasta que al fin se construyó la plaza de toros El Progreso al lado del Hospicio, el cual se consideró uno de los principales edificios de nuestra ciudad. Solamente las filas de asientos superiores estaban techadas para las clases privilegiadas, en cambio las demás bancas de piedra eran para el público en general. El Ayuntamiento promovía las corridas de toros pero no se hacía cargo de su realización. Un pregón anunciaba el remate de la plaza y al que ofrecía la mayor cantidad de dinero se le concedía. Con estos recursos se llevaban a cabo obras en beneficio de la población. Para promover el día y la hora de las corridas, los toreros y picadores recorrían las principales calles a caballo, acompañados de tambores, cornetas y algún payaso o “loco” que a gritos anunciaba los diestros que se presentarían. Los “locos” sin duda, eran parte importante de la fiesta taurina.

Autor: Cecilia López
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