Época virreinal

Longevidad de los tapatíos

Los testimonios de longevidad registrados en Guadalajara en el siglo XVIII ofrecían a sus habitantes diferentes interpretaciones: el estado de salud que tenía la población, el beneficio de vivir en esta ciudad o considerar que la fortuna le prometía a sus habitantes la posibilidad de una larga vida. Se tuvo noticia de un hombre que murió el 14 de febrero de 1786 en el Hospital de San Juan de Dios, “de edad de ciento y doce años, llamado Felipe, el que lo más de su vida se empleó en el ejercicio de arriero”; en este mismo lugar, murió soltero de hidropesía “Antonio Solórzano, nativo de esta ciudad de oficio desde su tierna edad cantero… contando 103 años, según su confesión verbal y cómputo que se hizo”. Asimismo, se leía en la Gazeta del 28 de enero de 1784: “… Antonio Uruapo y Diego Santiago, de edad prolongada, que el uno cuenta ya ciento y veinte años, y el otro poco menos, siendo lo más admirable, que así exercen las funciones de su ministerio a caballo, como si fueran de 20 y que conservan casi en todo su entereza los sentidos.”

Autor: Hugo Torres Salazar
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