Época virreinal

Culto a las imágenes

Con el paso del tiempo, los habitantes de Guadalajara aumentaron el número de santos tutelares para que los librara de tragedias que consideraban sobrenaturales. La iniciativa de proponer un santo surgía no sólo de autoridades eclesiásticas, si no de las voces de la gente afectada por el miedo y preocupada por los estragos causados por la naturaleza. A partir de 1656, cada 20 de enero, los tapatíos empezaron a venerar a San Sebastián para que los salvara de las pestes. La imagen de este santo estaba colocada en una ermita situada a las afueras de la ciudad que se saturaba de fieles, quienes con devoción pedían por su salud. Debido a los frecuentes temblores que esta ciudad experimentaba, varios miembros del ayuntamiento de Guadalajara, movidos por el temor, se congregaron el 11 de noviembre de 1771 para escoger un santo patrono, “intercesor y abogado contra los terremotos”. Nuestra Señora de la Soledad fue la elegida del sorteo para dirigir esta causa. El miedo a los rayos y centellas que caían en las torres de catedral también encontró a un protector que los defendiera: San Clemente. No conformes con todos los santos designados protectores, los fieles vivieron angustiados por la salvación eterna.

Autor: Cecilia López
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