Época virreinal

Rayos, centellas y demás

Cualquiera que haya pasado en el Valle de Atemajac un buen tiempodeaguas podrá haber percibido un tan ruidoso como luminoso fenómeno cuya explicación tiene varias hipótesis, pero ninguna concluyente: la proclividad del lugar a tormentas eléctricas. Desde siempre, y así lo narra el cronista anónimo de visita en 1796: “Guadalajara es muy propensa a tempestades, rayos y centellas; jamás nieva y una vez que nevó pensaba el vulgo que iba a acabarse el mundo, porque jamás habían visto este fenómeno…” Igual ocurrió cuando en noviembre de 1789, al comienzo de la noche, los pobladores del valle y regiones circunvecinas observaron atónitos una aurora boreal: ¡el fin del mundo! Aunque para 1997 ya no fue esa creencia tan intimidante la que prevaleció cuando la ciudad, atónita, advirtió que nevaba, acaso sólo los síntomas del comienzo del cambio climático… Pero en lo que respecta a las tormentas eléctricas, aquella errónea idea de que tañendo las campanas podían hacerse alejar, en junio de 1734 causó la muerte del sacristán del templo de San Juan de Dios y de un religioso juanino que subieron al campanario para tal efecto. Más allá de creencias, no hay temporal de lluvias que no cause alguna víctima a causa de los rayos y centellas.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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