Época virreinal

¿Cuál Guadalajara?

En un arranque de sentido del humor arquitectónico, cuando se destruyó la garita de San Pedro, al lado poniente de la plaza que ocupó su lugar se colocaron unos arquitos canteros al más puro y cursi estilo ‘colonial mexicano’. Bonito e inútil adorno, pero lo que sorprende más es que al arquitecto renovador se le ocurriera que allí quedara inscrito un simpático aviso: “Guadalajara la de Jalisco”, según se puede leer en el lugar (justo en los arcos de la Plaza de la Bandera). ¿El motivo de la inscripción? Tal vez sea, y por esos misterios que sólo los arquitectos conocen, el de ubicar a algún despistado que descubriese el letrero de que aquí se trata de la Guadalajara del valle de Atemajac, y no la de España o la del valle del Cauca en Colombia. ¿Hay otra? Sí, la Guadalajara de Buga (bugas eran los habitantes aborígenes procedentes del Caribe que se adentraron por los ríos colombianos) y recibió ese nombre en su tercera fundación –en 1559–, hecha por Rodrigo Díez de Fuenmayor. Aquélla –como la de Jalisco– también fue trashumante, si bien tuvo diversas denominaciones entre 1550 y 1573 cuando logró su asiento definitivo (Buga la Vieja, Nueva Jerez de los Caballeros, Nuestra Señora de la Victoria de Buga) hasta prevalecer con su nombre actual: Guadalajara de Buga, y no la de Jalisco como dice el absurdo señalamiento inscrito en perfecta tipografía románica allí en esos cursis arquitos.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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