Entorno y peculiaridades

Los tapatíos y el calor

La piel de los tapatíos no tiene memoria. Cada año olvida los sudores, quemaduras, escalofríos y chapuzones de los años anteriores. No suele recordar en qué año sintió más calor que en el que transcurre, aunque en ese entonces, como en tantos veranos, casi no hay viento ni humedad. Olvida también que, históricamente, enero es el mes más frío, abril el más seco, julio y septiembre son los más húmedos y mayo el más caliente. Llegan a afirmar “en ningún otro año había hecho tanto calor como ahora”. Sin embargo, 1998 fue uno de los años de menor porcentaje de humedad, además de haber sido –meteorológicamente hablando– un año poco usual, debido a cambios climáticos provocados por el fenómeno cíclico conocido como El Niño. La sensación subjetiva de calor o frío depende: de la temperatura del aire y de la superficie terrestre, que configuran el entorno físico; de la humedad relativa del aire, factor que condiciona la evaporación; y del movimiento del aire, que influye en la pérdida de calor del cuerpo. Pero la piel de los tapatíos no aguanta mucho. Según estudios, el bienestar térmico que permite desarrollar sin dificultad ni molestia cualquier actividad, es una temperatura de 22 grados centígrados, una humedad de 45 por ciento y una velocidad de viento de 2 a 4 kilómetros por segundo.

Autor: Adolfo Ochoa
<< Anterior Siguiente >>