Época virreinal

Un obispo envenenado

A fines del siglo XVIII ocurrió un hecho trágico y cómico a la vez en la Nueva Galicia. Aconteció que habiendo fallecido el obispo Alcalde y dejado la sede vacante, fue elegido para suplirle don Esteban Lorenzo de Tristán y Esmenota (1723-1794). Era doctor en teología y derecho canónico por la Universidad de Granada. Fue obispo de Nicaragua (1775) y de Durango (1783). Celebró las honras fúnebres (1787) del virrey Bernardo de Gálvez. En su camino a tomar posesión del obispado de Guadalajara visitó Zacatecas, y en San Juan de Los Lagos contrajo fiebre. Su boticario le recetó una pócima para untarse y un jarabe para beber; en Jalostotitlán su ayudante confundió los medicamentos y le untó el jarabe y le dio a ingerir la pócima. El miércoles 10 de diciembre de 1794, el obispo electo murió por envenenamiento, sin haber tomado posesión de la diócesis. Fue hasta 1796 cuando llegó el obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo.

Autor: Adolfo Ochoa
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