Época virreinal

La llegada del obispo Alcalde

Una vez que se asignaba obispo a las diferentes diócesis, cada pueblo con su feligresía y sus autoridades eclesiásticas y civiles se preparaba para recibir a su alto dignatario. El señor Alcalde sucedió en el arzobispado de Guadalajara al señor Rodríguez Rivas de Velasco, y para dar tiempo a los preparativos que se organizaban en su honor, el nuevo obispo decidió pernoctar en el pueblo de San Pedro Tlaquepaque, donde descansaría unos días. Desde allí implantó el sello particular que lo caracterizaría durante todo el ejercicio de su investidura religiosa, pues ordenó que no se hiciesen en su recibimiento fastuosos gastos que consideraba impropiamente distraídos de las rentas de la Iglesia, sino que se redujeran a los mil pesos que ya habían sido fijados para dicha recepción. En su traslado fue acompañado de carruajes y tropas de caballería, con los jinetes espada en mano hasta la plazuela de la capilla de San Antonio. De ahí partiría una brillante y ricamente ataviada procesión hasta el portal de San Agustín, donde el señor Alcalde, además de recibir una solemne bienvenida, se revestiría con la indumentaria pontifical dirigiéndose hacia la catedral donde todos darían gracias a Dios por la feliz llegada de su pastor. Fue el día 12 de diciembre de 1772.

Autor: Hugo Torres Salazar
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