Época virreinal

Oblatos: los ofrecidos

¡Cuidado con las palabras! Advertencia que viene a cuento por un término multipresente en la ciudad. Una fracción de la barranca de los cientomuchos nombres así se llama y es todavía denominación de una extensa zona de la ciudad oriental. Hubo una prisión que tuvo ese nombre y no hace mucho se inició el proyecto de reconstrucción del casco de la hacienda llamada de igual manera: Oblatos. Pero, ¿qué significa o a qué viene eso de “oblatos”? Textualmente, y al ser el participio pretérito del verbo latino offerro, significa “los ofrecidos”. ¿A quién o por qué? Ya para el siglo XVIII habían llegado a Guadalajara innumerables miembros de las llamadas órdenes religiosas: franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, mercedarios, carmelitas y otros, inmiscuidos en labores de evangelización y educativas. Todas, órdenes de origen europeo. ¿Por qué no crear una congregación local, como primer paso para fundar una orden de religiosos? Para tal efecto se obtuvo que en 1702 el papa Clemente XI aprobara la normatividad de los llamados Sacerdotes Oblatos –individuos que ofrecieran su vida para ayudar a sus semejantes–; y con el fin de darle sustento económico al proyecto, se les dotó de tierras en las proximidades de la ciudad: tierras de Los Oblatos, hacia el rumbo barranqueño. Ya para 1775, por falta de adscritos o inscritos, el proyecto acabó –pero el nombre prevaleció: Oblatos.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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