Época virreinal

Por fin, agua para la ciudad

El agua de aromas y los perfumes hacían su labor en la limpieza corporal y el aseo personal de “la gente acomodada” debido a la ausencia del agua en la ciudad de Guadalajara. Muchos esfuerzos quedaron en intento para traer el preciado líquido a los tapatíos. Uno de ellos fracasó en 1600, cuando el gobernador Santiago de Vera encargó la tarea a Martín Casillas. Casi siglo y medio después, el 19 de noviembre de 1731, fue iniciada una nueva obra encomendada al fraile lego franciscano Pedro Buzeta, la cual también fue suspendida por sus resultados fallidos. Finalmente, el mismo Buzeta –quien ya había hecho exitosamente las obras hidráulicas del puerto de Veracruz– estudió concienzudamente todos los datos para concluir que los manantiales procedentes del Cerro del Colli tendrían un nivel superior, por lo que procedió a la apertura de tres series de pozos que convergieran a un centro, comunicándolo por cañerías, lo cual hizo que el agua brotara a borbotones en la fuente de la Plaza Mayor ante al gran júbilo de la población tapatía, el 13 de junio de 1740. Buzeta llevó agua también a las fuentes de Aranzazú, Santo Domingo, la Universidad, San Agustín, el Santuario, Jesús María, la Caja de Agua (Independencia y Juan N. Cumplido) y la fuente de San Felipe.

Autor: Cecilia López
<< Anterior Siguiente >>