Todavía somos así

Una mujer hizo luz

Todo transcurría en calma en los teatros de Guadalajara, los técnicos o “tramoyas” trabajaban como siempre, resolviendo problemas con los pocos elementos con que contaban y nadie los molestaba. Incluso hacían trabajo creativo entre lonche y refresco, para algunas funciones. Les resolvían problemas –a las maestras y directores de grupos– con más imaginación que equipo técnico. Así la vida, tranquila, ¡hasta que llegó una mujer a dar órdenes! Una morra que “nomás porque había estudiado en Estados Unidos sentía que podía mandarnos”, renegaban. Era Rosa María Brito, una joven tapatía que había estudiado escenografía en el Distrito Federal e iluminación en Nueva York y que había bailado en algunas compañías estadounidenses. Cuando llegó Rosa se hizo la luz en los teatros de Guadalajara por deseo y obra de una mujer, a la que le hicieron la vida de cuadritos durante años sólo por serlo, pero poco a poco los tramoyistas – “gente chambeadora”, opinaba Brito– se fueron acostumbrando a su forma de trabajar y ahora esta mujer, una de las iluminadoras más prestigiadas de México y el extranjero, también es reconocida en su ciudad natal; hombres y mujeres la buscan para que diseñe luces para el Lago de los cisnes, la ópera de Zapopan y diversas obras de artes escénicas.

Autor: Angélica Íñiguez
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