Todavía somos así

Un físico que emigró

Se le ha llegado a mencionar como un posible candidato al Premio Nobel de Física y de hecho ha trabajado en el equipo de algún ganador de esa distinción. El físico tapatío Luis Adolfo Orozco, hombre de larguísimos dedos y que siempre trae un pañuelo en el bolsillo del pantalón, desde muy joven daba muestras claras de su inteligencia, su curiosidad intelectual y su pasión por la ciencia. Estudió la carrera de ingeniería mecánica en el ITESO y de ahí partió a Estados Unidos y Europa para especializarse en algo que en México era imposible: trabajar con aceleradores de partículas. En la universidad norteamericana de Stoney Brook logró la proeza de capturar por primera vez el elemento químico conocido como Francio. Quienes lo conocieron en la preparatoria afirman que sabía más matemáticas que los maestros. Conocía de música, de literatura y hasta alguna vez se animó a inscribirse en un taller de cine del Departamento de Bellas Artes. También cuentan que cuando alguna clase se suspendía, en lugar de salir al patio del Instituto de Humanidades y Ciencias de Guadalajara –Hycig, como se le conoce comúnmente–, solía quedarse en su lugar a leer cosas como El medio divino de Teilhard de Chardin.

Autor: Alfredo Sánchez
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