Todavía somos así

Ballet: nadie es profeta en su tierra

Todo comenzó con un pequeño grupo de ballet clásico que la maestra Guadalupe Leyva formó con niñas principiantes en el municipio de Zapotlán El Grande. Las chicas trabajaron algún tiempo bajo el nombre de Ballet de Zapotlán y llegaron a presentarse en colonias de Guadalajara y en dos o tres teatros con poca respuesta del público y escaso apoyo institucional –al fin y al cabo no era más que un grupito procedente de uno de tantos municipios estatales. Cuando Leyva tuvo que regresar a vivir a Guadalajara, algunas niñas la siguieron: venían desde Zapotlán a tomar clases con ella, y otras tapatías se agregaron. En 2006, la profesora renombró al grupo como Balanz y se lo llevó a dos concursos mundiales, uno en Italia y otro en Polonia, donde arrasaron con los premios más destacados: medallas de oro, plata, reconocimientos como mejores futuras bailarinas, el Grand Prix. De regreso a Guadalajara siguen bailando en teatros tan vacíos como siempre, mientras los grupos extranjeros –sean buenos, malos o verdaderos fraudes– vienen de vez en cuando y abarrotaban los teatros.

Autor: Angélica Íñiguez
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