Se acaba el XX

La líbido bailará

A pesar de que el grupo de danza contemporánea La Líbido tuvo un accidente que provocó la muerte de cuatro de sus integrantes en 1999, se puede decir que modificaron en un año las inercias de la danza contemporánea en la ciudad. Presentaron coreografías como Divas, Polvo de estrellas, Serpientes y manzanas, –compuestas por su director, Antonio González–, con temas y vestuario atrevidos, en los espacios públicos más concurridos: camellones en horas pico, el tianguis cultural, la explanada del cabañas, La Mutualista y otros antros y cantinas, o en plazas de municipios de Jalisco, ganando público que de cotidiano no asistía a los teatros. No eran pocas las obras donde las chicas aparecían en tanga. Eso y las propuestas contundentes de González lograron lo que muchas autoridades culturales no han podido: la creación de nuevos públicos. Ensayaban todos los días en La Mutualista después de limpiar las vomitadas de los borrachos de la noche anterior, mientras los repartidores de refresco y cerveza los esquivaban durante sus secuencias de piso, y como decidieron bautizarse como La Líbido (esta última, palabra que no aparece en el diccionario) el poeta Arturo Suárez les compuso un periquete: que la líbido bailará el dómingo.

Autor: Angélica Íñiguez
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