Época virreinal

Las tormentas

Establece la tradición tapatía que en Guadalajara la temporada de lluvias comienza el día de San Antonio, llueva o no llueva. Así, “del 13 de junio en delante son aguas corridas”. El temporal termina el 4 de octubre (llueva o no llueva) con el cordonazo de San Francisco, una tormenta que, cuando ocurre, confirma el calendario pluvial de los tapatíos. Con la misma puntualidad con que inauguran y cierran el temporal, los tapatíos de antaño recuerdan las tormentas, fuertes y cortas, que azotaban la ciudad por las tardes para dar paso después a un cielo despejado. El agua corría por las calles y nunca faltaban los muchachos que, a cambio de un par de centavos, construían con ladrillos y tablones puentes para que las señoras que iban al pan o los hombres que volvían del trabajo cruzaran los arroyuelos en que se convertían las calles. Los más fortachones incluso llegaban a “canchar” (cargar) a los transeúntes. Pero las tormentas eran también causa de terror y muertes –incluso en los tiempos actuales los temporales suelen dejar víctimas. Por eso, desde 1734 la imagen de la Virgen de Zapopan recorre los templos de la ciudad donde se invoca su protección contra rayos, tempestades y epidemias. Guadalajara cuenta además con una Virgen del Rayo.

Autor: Juan Carlos Núñez Bustillos
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