Se acaba el XX

Fernández y Mishima

En la primera formación de El Personal, el mítico y ecléctico grupo tapatío desintegrado a principios de los noventa, el baterista se llamaba Alejandro López Portillo. Sin embargo, no lo fue por mucho tiempo pues llegó Pedro Fernández –nada que ver con el cantante vernáculo y precoz actor cinematográfico–, quien tocaba antes con el compositor Gerardo Enciso. Una noche de 1988, durante un concierto en el Patio Mayor del Cabañas, se sentó a palomear con el grupo y ya no se levantó sino hasta aquella confusa y convulsa noche en la que el grupo tocó por última vez en “el lugar de sus éxitos”, la hoy extinta Peña Cuicacalli. Después de un concierto particularmente intenso, el público, eufórico, pedía más, pero Pedro dejó los tambores y con expresión dolorida dijo que no, que estaba cansado, que algo le había caído mal en el estómago y terminó esa noche en el hospital. Es curioso que, a pesar de ser un virtuoso baterista, Pedro no haya tocado su instrumento en el famoso disco No me hallo, pues las condiciones técnicas del estudio de grabación lo impidieron. En cambio, programó una máquina de percusiones similar a la que el grupo utilizaba en el escenario y que había sido bautizada, por su origen japonés, como Mishima.

Autor: Alfredo Sánchez
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