Se acaba el XX

Perdidos en el Iztaccíhuatl

El volcán Iztaccíhuatl cambió el rumbo de la historia de un club alpino tapatío, dejó una cicatriz imborrable en numerosas familias y varias bancas vacías en un colegio jesuita de Guadalajara. El milenario volcán cobró la vida de once jóvenes tapatíos, quienes pertenecían al Club Alpino Instituto de Ciencias, mejor conocido como el CAIC. El domingo 5 de febrero de 1968, “en la legendaria Mujer Dormida los atrapó una densa ventisca que se registró a las 17:00 horas de ese día y duró hasta el amanecer”. El CAIC lo formó el sacerdote jesuita Luis Hernández Prieto y hasta ese día de la tragedia, ya tenía una larga lista de excursiones a Canadá, Estados Unidos y otras partes de mundo sin percance alguno.

Autor: Cecilia López
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