Se acaba el XX

Kraeppelin en la galería Magritte

En la calle de Lerdo de Tejada alguna vez estuvo la galería de arte Magritte, propiedad de Rogelio Flores y Francisco Barreda. Además de ser sitio de exposiciones, Magritte era lugar de reunión y foro musical –alguna vez tocaron ahí Las Insólitas Imágenes de Aurora, grupo que más adelante se convirtió en el célebre Caifanes–. Cierta vez se organizó una exposición colectiva de artistas plásticos de Guadalajara. El día de la inauguración la estrella fue el insólito Juan Kraeppelin. Si alguien en la ciudad merece el calificativo de personaje, ese es, sin duda, Kraeppelin, por sus atuendos, sus actitudes, sus ideas y, claro, también por su obra. En aquella ocasión montó una pieza precursora de las actuales instalaciones en la que, junto con otros elementos, puso una cabeza de cerdo real conseguida, seguramente, en el rastro de la ciudad. Todo mundo gozó esa noche con la ocurrencia: una cabeza de marrano en una carreola de bebé; pero a la mañana siguiente, los galeros tuvieron que llamar al artista para que se la llevara: el insoportable olor del cerdo en descomposición había impregnado toda la galería. Esa fue una muestra de arte efímero involuntario.

Autor: Alfredo Sánchez
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