Se acaba el XX

Clavigero en Chapalita

El nombre de Francisco Javier Clavijero ha sonado mucho en Guadalajara por varias razones: fue uno de los jesuitas más apreciados por la Compañía de Jesús; con su nombre fue bautizado el centro cultural que el ITESO fundó en una hermosa finca construida por el arquitecto Luis Barragán y que fue propiedad de la familia González Luna, la Casa Iteso Clavigero; y una calle de la colonia Chapalita también se llama como él. Pero en la década de los setenta esa calle era famosa por razones ajenas al célebre sacerdote: era la sede de una de las pandillas más temidas del poniente tapatío. Era la época en que Guadalajara tenía triste fama nacional por la violencia callejera que intranquilizaba a las familias. Exagerada o no la mala fama de estos chavos de Chapalita, se decía que pasar por ahí a ciertas horas de la noche era exponerse a una madriza y en las fiestas de la colonia o de otras aledañas era común la huída generalizada cuando alguien pasaba la voz: “aguas, ya llegaron los de Clavigero…”.

Autor: Alfredo Sánchez
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