Se acaba el XX

Ojo de caballo

El nombre de Luis González Durán Vázquez quizás no diga mucho. Es el verdadero nombre de quien, desde sus años juveniles, fue conocido por el apodo que él mismo adoptó como seña de identidad: Caballo. Luego de estudiar en el Instituto de Ciencias, su indecisión vocacional lo llevó a la carrera de Relaciones Industriales del ITESO donde duró muy poco. Se cambió a Ciencias de la Comunicación en 1975 donde la inspiración de maestros como José Luis Pardo, Jorge Paredes y Laura Magaña le abrió la puerta a lo que sería su modo de vida: la fotografía. También ahí empezó su interés por la otra mitad de su labor profesional: la enseñanza, principalmente para niños. Fundó Papalote, un singular local donde se impartían talleres de creatividad infantil; años después inició con Mónica Cárdenas y Cuitláhuac Correa –fotógrafos también– el taller visual Rendija y siguió afinando el ojo fotográfico hasta consolidarse como uno de los más notables artistas de la lente en Guadalajara. Mitad fotógrafo y mitad maestro o, más bien dicho, maestro fotógrafo de tiempo completo, la imagen de Luis Caballo se completa con sus infaltables huaraches, su larga barba entrecana y su pelo recogido en una cola de…de qué más, de caballo.

Autor: Alfredo Sánchez
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