Se acaba el XX

Rock en el Auditorio del Estado

Hacia mediados de los setenta la satanización del rock, a consecuencia del muy reciente festival de Avándaro, había provocado en Guadalajara un ayuno que se rompía muy esporádicamente.

Y sin embargo, de pronto aparecían, quién sabe cómo, carteles que anunciaban conciertos en el entonces llamado Auditorio del Estado (hoy Benito Juárez). Al menos tres conciertos internacionales de aquellas épocas se recuerdan: uno de la folclorista norteamericana Joan Baez, sobreviviente del movimiento hippie, quien se presentó aquí sin más armas que su guitarra y su voz. “Sing Dylan!”, le gritaba un grupo de jóvenes gringas que habían llegado a Guadalajara escoltando a sus maridos estudiantes de medicina, y Baez las complacía con aquella de “Don´t Think Twice, It´s Allright”. Otro día llegó Santana, quien tocó los temas de su disco Abraxas y los oídos tenían que adivinar por la pésima acústica del lugar. Y también apareció, ya muy venido a menos, el grupo inglés Procol Harum, de quien todos conocían la famosa Pálida Sombra y, si acaso, otra que se llamaba en español Conquistador. Tiempo después, al Auditorio –construído por el célebre arquitecto Julio de la Peña– se le cayó el techo; y más adelante, nuevamente techado pero conservando su misma acústica infame, se convirtió en la sede de las famosas y muy tapatías Fiestas de Octubre.

Autor: Alfredo Sánchez
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