El siglo que nos obligó a crecer

El tapatío un millón

Su nombre es Juan José Francisco Gutiérrez Pérez, y muy pocas personas lo conocen como El Tapatío del Millón. Cuando nació se hizo acreedor a una serie de obsequios y de ciertas prebendas. Se le ofreció a sus padres, por ejemplo, que tendría apoyo para estudiar lo que deseara; tuvo el respaldo moral de uno de sus padrinos de bautizo, el cardenal José Garibi Rivera –quien lo fue también de primera comunión; y permaneció por dos años en el Seminario. La muerte de su padre y otras circunstancias influyeron para cambiar el curso de su vida: en lugar de prepararse, Juan José tuvo que trabajar para salir adelante. Trabajó de cartero, como su padre, pero ganaba muy poco y renunció. También fue conductor en el Tren Ligero y ha sido encargado de un estacionamiento. Él refiere lo siguiente: “Trabajo jornadas de más de doce horas debido a que la situación está muy difícil. Podría estar mejor si ya hubiera hecho valer mi condición del habitante Un Millón, pero nunca lo he hecho, ya que me gusta valerme por mi mismo. No ando diciendo quién soy porque resulta contraproducente, debido a las envidias.”

Autor: Adolfo Ochoa
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