El siglo que nos obligó a crecer

Emotiva visita del Mariscal Tito

En los primeros días de octubre de 1963, el presidente Adolfo López Mateos acompañó durante unas horas en su recorrido por Guadalajara al presidente de la República Socialista de Yugoslavia, Mariscal Josip Broz Tito (1892-1980), quien estuvo en Jalisco durante tres días. Tito había encabezado la resistencia de los patriotas de su país en contra de la ocupación fascista, y supo conducir a su pueblo levantado en armas a la victoria contra las grandes potencias del Este y el Oeste que se disputaban la hegemonía del mundo. Esta visita fue muy controvertida por la jerarquía religiosa y grupos conservadores, debido a la profunda vocación hacia el socialismo del visitante. Estuvo en Tlaquepaque, donde admiró las obras de cerámica de sus artesanos. Allí organizaron en su honor una entusiasta recepción, en la que el Mariscal, visiblemente emocionado, se confundía con la multitud, saludando y tomando fotos personalmente. La espontaneidad de esta convivencia contagió a su esposa Yovanka y a sus compañeros de viaje, al grado que su intérprete no pudo contener las lágrimas al contestar una pregunta del Mariscal. También recorrió el Mercado Libertad (San Juan de Dios), donde convivió con las clases más modestas del pueblo.

Allí aceptó una invitación para degustar un platillo típico de la cocina mexicana, tomando asiento entre un grupo de locatarios del mercado y departiendo cordialmente con ellos esos agradables momentos. Bien sabía este líder mundial que gran parte de la simpatía popular hacia los dirigentes de los pueblos nace de la disposición de éstos para convivir con los humildes.

Autor: Adolfo Ochoa
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