El siglo que nos obligó a crecer

La tele tardía

No podía haber sido de otra forma y antes de que la tierra se aplanara gracias a la globalización. Diez años tomó cubrir una distancia que en línea recta no llega a 500 kilómetros; enorme la brecha entre Chapultepec 18 y Alemania esquina con Tolsa (sin acento, por favor). “Telesistema Mexicano” se llamaba entonces, y Guadalajara al filo de los años sesenta ya estaba enterada de ese prodigio tecnológico llamado televisión y cuyo telesistema aún no alcanzaba al valle de Atemajac. Falsas expectativas, el “ya mero” y dizque videntes tapatíos pescando ondas lejanas generadas incluso en Cuba con aparatos repletos de bulbos. Nada; no llegaban imágenes directamente. Pero al filo de 1960 empezó a ser levantado con toda discreción un mástil, antena, en la frontera de la colonia Moderna y sin previo anuncio comenzaron las transmisiones de prueba. Un llamado “patrón de ajuste” aparecía en negro y blanco (¿por qué se dice siempre “blanco y negro”?) y estacionario durante horas con música de fondo. Después aquella extraña figura –una cruz con ribetes y tonos de grises– fue sustituida por series de vaqueros dobladas al español. No hubo inauguración formal, pero el bocaboca urbano notificó el hecho: la televisión apareció en la ciudad. Bienvenido el chicle para el cerebro.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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