El siglo que nos obligó a crecer

Bosque Santa Edwiges

Por los años cincuenta y sesenta, recorrer los alrededores de Guadalajara, circundada por bosques, representaba una excursión familiar acostumbrada los domingos. Albercas públicas económicas recibían en sus aguas a algunos tapatíos: Los baños de Ochoa, El Patito, la Quinta de las Rosas, El Batán. Para caminar y respirar aire puro: Los Colomos, La Nogalera, los bosques de La Primavera y de Santa Edwiges, el Agua Azul, el Parque de San Rafael, el Volcán del Colli, el Cerro del Cuatro, el del Tesoro y otros. Para llegar al bosque Santa Edwiges (actualmente fraccionamiento Jardines del Bosque), muchos transeúntes que venían del Centro, tomaban la avenida Vallarta –que estaba rodeada de árboles y casas señoriales cerradas con sus enormes bellos jardines. Al llegar al cruce con la avenida Lafayette (Chapultepec), seguían por esa calle hacia Niños Héroes. Ahí terminaba la mancha urbana donde se dirigían hacia el poniente en cuyo fondo se distinguía la línea de la floresta. El bosque era fresco, habitado por un sinfín de árboles, en su mayoría eucaliptos. La casita del guardabosque era el refugio de los hambrientos. Después de unos buenos tacos con chile y queso, los tapatíos emprendían el regreso a casa.

Autor: Cecilia López
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