El siglo que nos obligó a crecer

Pepe Dinamita

Un rumor cobró popularidad luego del avionazo del 2 de junio de 1958 en Tlajomulco: que el accidente se debió a un atentado con explosivos, cuya autoría intelectual inculpaba al arzobispo José Garibi Rivera –quien a partir de ese momento cargó con un epíteto que halló eco en el vulgo: Pepe Dinamita. Esta conjetura partía de una supuesta enemistad entre el prelado y algunas víctimas. Tan grande fue la ola de rumores que se levantó para inculparlo, que varias asociaciones civiles publicaron desplegados en su defensa, calificando a los detractores como irrespetuosos y desorientados. Seis meses después, Garibi tuvo que trasladarse a Roma; sus malquerientes se hacían lenguas, diciendo que era para “algo más serio que recibir una reprimenda”. Pero lo que recibió, el 18 de diciembre de 1958, de manos del Papa Juan XXIII, fue el capelo cardenalicio que lo distinguía como el primer cardenal mexicano.

Autor: Adolfo Ochoa
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