El siglo que nos obligó a crecer

Chapala

Chapala, considerado como uno de los centros de veraneo para ricos en Guadalajara, era un paseo familiar digno de recordarse. Pasar las tardes frente a la laguna de Chapala o en los pueblecitos de la ribera era todo un deleite. Frente al lago se ponían mesas con sombrillas de colores para ver el paisaje de agua acompañado de varias canoas de remos y motor. Por unas monedas ofrecían un recorrido a Jocotepec o a través del lago, hasta las Islas de los Alacranes. Muchos nadadores y turistas se metían al lago cual si fuera una mezcla entre mar y alberca. El Beer Garden era un restaurante con música en vivo donde se reunían montón de tapatíos a disfrutar de sus vacaciones. El restaurante La Viuda era de los más aclientados. Después de comer algún aperitivo, los paseos por el malecón eran muy comunes pese a la ausencia del kiosco y su faro solitario erguido. Después de recorrer los poblados ribereños más cercanos de Ajijic, San Juan Cosalá, El Chante, El Manglar de San Antonio y Jocotepec se emprendía el regreso del viaje por la peligrosa carretera vieja formada por dos angostos carriles.

Autor: Cecilia López
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