El siglo que nos obligó a crecer

El Cerro del Cuatro

Una montaña al sur de la ciudad llamada Cerro del Cuatro invitaba a subir sus laderas áridas y agrietadas a los tapatíos que gustaban de excursionar, hacer caminata o alpinismo durante los años cincuenta. Abundaban los nopales en medio de la tierra seca, además de cactus y espinosos arbustos rodeados de piedras sueltas. La tarea de ascender el Cerro del Cuatro requería de la compañía obligada de un garrafón de agua y un botiquín de primeros auxilios. Nunca faltaban las señoritas que se veían escalando con faldas vaporosas de algodón floreado, blusas blancas con bordados en el escote, bien maquilladas y hasta con sandalias que poco les duraban a la hora de subir la primera loma empinada. Las excursiones de aventureros al Cerro fueron cesando debido a la construcción de numerosas casas.

Autor: Cecilia López
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