El siglo que nos obligó a crecer

Tlaquepaque

La villa de Tlaquepaque se liga a la vida de la ciudad como centro de veraneo para los ricos de Guadalajara. Las familias de apellidos reconocidos como: Oyasabal, Henonín, Arana y muchas otras, establecían sus majestuosas y monumentales casas para descansar del bullicio de Guadalajara. En toda una manzana estaba la casa del arzobispo José Garibi Rivera. Las mansiones eran de estilo colonial con puertas de madera enormes. Todas tenían su huerta, su patio central con numerosos corredores que dirigían a las recámaras. La plaza principal lucía sembrada de árboles de fresno, con un kiosco de arcos y cúpula de talavera. A un costado, la parroquia de San Pedro con su fachada barroca construida en el siglo XVII. Por ser considerado uno de los centros de producción alfarera más importante del país (en cerámica y vidrio), la atracción turística aumentaba para adquirir magníficas piezas. El Parián era el punto de reunión de las fiestas donde al son del mariachi servían distintos antojitos.

Autor: Cecilia López
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