El siglo que nos obligó a crecer

Ignacio Díaz Morales, arquitecto y educador

 “Alto, macizo –como hecho en cantera–, lacio cabello blanco, el ojo de color, clara la tez con rubores de temperamento elegante, aristocrático, soberbio.” Así definió Guillermo García Oropeza al arquitecto Ignacio Díaz Morales: “uno de los últimos grandes tapatíos”. Díaz Morales es recordado por su propia casa –ejemplo de elegancia, austeridad y sencillez–, por el Seminario Menor y por la capilla de las Mercedarias. Pero su polémica intervención en el corazón del Centro de Guadalajara, la llamada Cruz de Plazas, seguramente es su obra más importante.

Se trata de cuatro plazas que forman una cruz y que intersectan a la Catedral de Guadalajara que actúa como centro de la cruz. Una de estas plazas, la Plaza de la Liberación, también conocida como la plaza del “dos de copas”, es el mejor ejemplo de espacio abierto y público de Guadalajara. Nacido el 16 de noviembre de 1905 en la calle de Prisciliano Sánchez, Díaz Morales se dedicó a lo largo de su vida a tratar de definir con palabras lo que era para él la arquitectura. Nos dejó esta curiosa y enigmática frase: “La arquitectura es la obra de arte que consiste en el espacio expresivo delimitado por elementos constructivos, para compeler el acto humano perfecto.”

Autor: Sergio Ortiz
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