El siglo que nos obligó a crecer

Emmanuel Carballo

En 1953, con veintitrés años de edad, llegó a México con la certeza de ser periodista, conquistar la capital y no regresar a Guadalajara, donde había estudiado abogacía. Se quedó en el periódico Novedades a pesar de que en su entrevista dijo que la literatura en México era tibia, que no se comprometía con las grandes verdades. Decía que los grandes poetas eran Los contemporáneos, además de Octavio Paz, Jaime Sabines y Rosario Castellanos –aunque aseguraba que no era una gran poesía. Opinar que los únicos buenos cuentistas eran Rulfo y Arreola, provocó que en el suplemento cultural México y la Cultura le dedicaran varias páginas pronosticando: “Debut y despedida de Emmanuel Carballo”. Se consideraba una figura molesta pero necesaria… el crítico es un aguafiestas, el villano de la película, el resentido, el amargado, en pocas palabras: el que pide que los demás se arriesguen mientras él ve los toros desde la barrera. Su pasión por la crítica literaria nació al cuestionar su propia obra, se analizó y se vio como un poeta de segunda categoría, uno más en la literatura. Dice que después de cincuenta años está seguro de que no se equivocó.

Autor: Nuria Blanchart
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