El siglo que nos obligó a crecer

¿Oyes ladrar?

Juan Rulfo estudió cinco años en Guadalajara, en el Colegio Luis Silva, ubicado entre las calles de Morelos e Hidalgo. En esa magnífica construcción colonial se inició la inquietud por la historia y la arquitectura del futuro escritor, que lo llevaría a aguzar su mirada de fotógrafo. No muy lejos del Colegio Luis Silva, en la ahora Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz, Rulfo encontró un relieve en una puerta de madera donde un padre va cargando a su hijo en los hombros y esa imagen grabada en la mente del escritor se convertiría, años después, en la escena crucial del relato “¿No oyes ladrar los perros?”, contenido en El llano en llamas. Aquella puerta estaba al fondo del recinto que otrora fuera templo. Años después, Rulfo mismo la adquirió y escribió al reverso: “Puerta trasera de la Ex-Universidad. Guadalajara. D.Alfredo Sánchez, Juan Hernández”. El valor de esta pieza se aquilata aún más cuando se advierte que quien diseñó las figuras que fueron grabadas en relieve fue un jovencito llamado David Alfaro Siqueiros a quien corresponden las siglas escritas por Rulfo –antes del nombre del grabador.

Autor: Mario Z. Puglisi
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