El siglo que nos obligó a crecer

Mathías Goeritz, artista

Nacido en Danzig, Alemania, en 1915, Mathias Goeritz fue el primero de los varios profesores europeos que emigraron a Guadalajara para dar clases en la recién formada escuela de arquitectura de la Universidad de Guadalajara en 1947. Aunque se había formado bajo las ideas de la vanguardia artística alemana de principios del siglo XX, Goeritz era una especie de monje dadá que repetía incesantemente a sus alumnos: “¡Menos inteligencia y más fe!”. En 1953 construyó en la ciudad de México el mejor ejemplo de lo que él llamó arquitectura emocional: el Museo Experimental El Eco. Dos años después, en 1955, terminó en Guadalajara el Pájaro amarillo, símbolo de acceso al fraccionamiento Jardines del Bosque. Es en 1957 cuando realiza –junto con el arquitecto Luis Barragán– la que sin duda sería su obra más significativa y la que, paradójicamente, le dio los mayores dolores de cabeza. Se trata del conjunto escultórico de las Torres Satélite en la ciudad de México. Una plaza con cinco prismas triangulares que servía como puerta de ingreso a la entonces naciente Ciudad Satélite. El haber omitido a Luis Barragán en los créditos de autoría de la obra para alguna publicación extranjera, le valió una enemistad vitalicia con el arquitecto. El affaire de las también llamadas “torres de la discordia” se aclaró en 1987 (sólo un año antes de la muerte de Barragán y tres de la de Goeritz) por mediación del arquitecto Díaz Morales –el mismo que 40 años atrás había invitado a Goeritz a enseñar arquitectura en Guadalajara. La carta (firmada por ambos) dice: “Según tu sugestión te manifestamos de común acuerdo, que el crédito sobre la paternidad de Las Torres de la Plaza Satélite de esta ciudad es de nosotros dos. Lo que te participamos para que hagas de esta manifestación el uso discreto que consideres”.

Autor: Sergio Ortiz
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