El siglo que nos obligó a crecer

Santa Tere bajo el padre Romo

Migrantes de Santa Ana de los Altos de Jalisco, fundaron el barrio de Santa Tere, en la hacienda El algodonal. El padre Román Romo, nacido en Santa Ana, fue nombrado capellán de la ermita de Santa Tere. En 1940 el entonces capellán ascendió a párroco. Sus dos hermanas solteras lo atendían, y al poco, también las obras asistenciales por él fundadas. Un sobrino del Tata Romo fungía como sacristán y tesorero, su cuñada era la directora de las escuelas parroquiales, un primo se encargaba de las construcciones en la iglesia, un club social, un hospital, la casa del orfanato y dos locales para escuelas. Por si fuera poco, otro cuñado, dueño de una vidriera, proporcionaba trabajo y recomendaciones de empleo. Existían círculos pro-misiones, pro-construcción, pro-seminario, etcétera, que tenían representantes elegidos en la junta parroquial presidida por el padre Romo. Existía una junta subparroquial donde se colectaban donativos. De todo se informaba al párroco. Literalmente, este sacerdote sabía lo suficiente de cada familia residente. Fundó dos escuelas primarias, pero no las incorporó a la Secretaría de Educación, quedando libre de inspectores. Enseñaba religión donde los buenos eran los católicos y los villanos seguramente masones. Así giraba la vida del barrio de Santa Tere: alrededor de la iglesia hasta 1960, con treinta mil habitantes en su haber.

Autor: Nuria Blanchart
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