El siglo que nos obligó a crecer

Los Arcos de Vallarta

Se argumentó que se construirían para dar la bienvenida a los visitantes de la ciudad. Pasó el tiempo y ésta fue creciendo hasta dejarlos como salero: en medio de todo el meollo. Los mandó hacer el gobernador Silvano Barba González, y el ingeniero y arquitecto que los concibió se llamaba Aurelio Aceves, esto entre los años 1939-41, so pretexto del cuarto centenario de la fundación de Guadalajara. Aunque ahora ya no representan un punto extremo de la ciudad, siguen siendo un lugar atractivo. Seguimos viendo turistas que toman fotos a sus fuentes con azulejos azules. ¿La vista? No es magnífica, pero al menos se alcanzan a ver símbolos urbanos tapatíos representativos: La Minerva y las torres de la Catedral –ésta si el cielo está despejado. Además, a cada lado hay un parque en donde reposan las estatuas de dos importantes y comprometidos creadores jaliscienses: Mariano Azuela, autor de Los de abajo y originario de Lagos de Moreno, y José Clemente Orozco, oriundo de Zapotlán el Grande y pintor de El hombre de fuego, nuestra Capilla Sixtina en el Instituto Cultural Cabañas. Visitar Guadalajara y no pasar por Los Arcos de Vallarta es –con mucha imaginación– como ir a París y no ver el Arco del Triunfo.

Autor: Mariana V. Gómez
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