El siglo que nos obligó a crecer

La obra de Orozco en Guadalajara

Como las generaciones actuales lo pueden corroborar, José Clemente Orozco (1883-1949) pintó en Guadalajara los muros y cúpula del Paraninfo de la Universidad de Guadalajara; el gran retrato de Hidalgo en la escalera del Palacio de Gobierno y, en el Hospicio Cabañas –hoy instituto cultural y museo–, 40 frescos que, encabezados por El hombre de fuego, son considerados como su mejor y mayor obra. Todo ello entre 1936 y 1939. Dos décadas antes el oriundo de Zapotlán El Grande tuvo un desaguisado fronterizo. En 1916 había realizado una serie de acuarelas que retrataban la vida en los prostíbulos que tituló La casa del llanto y que de hecho expuso de forma individual en la librería Biblos de la ciudad de México. Al año siguiente quiso ir a Estados Unidos a probar suerte y se topó con que las autoridades aduanales, al revisarla, consideraron su obra como pornográfica, por lo que para cruzar la frontera tuvo que destruir 60 piezas, entre dibujos y acuarelas.

Autor: Angélica Íñiguez
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