El siglo que nos obligó a crecer

Don Pífano el librero

En 1932 la revista Arte de Guadalajara publicó un artículo acerca de las librerías de la ciudad. Habló en particular del puesto de Don Pífano –que era como los compradores de libros y revistas conocían a Epifanio Díaz–, que con su changarro en el mercado de San Diego llegó a ser figura legendaria. Arte decía que el de Don Pífano era el único sitio, además de la librería de Don Fortino (el también legendario librero Fortino Jaime), en donde se podían comprar buenos libros en la Perla Tapatía, en el entonces corriente año de 1932. El artículo mencionaba que ya Don Pífano se quejaba de su vejez y recordaba constantemente tiempos idos, en que los estudiantes le dejaban empeñados sus libros. Un día Don Pífano fue a la capital a fin de adquirir y traer novedades bibliográficas para sus clientes, y no regresó del viaje pues allá murió. La revista Artes señalaba que Don Pífano, como todo buen parroquiano, era aficionado al dominó, a las damas, ajedrecista y un gran lector y conversador

Autor: Angélica Íñiguez
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