El siglo que nos obligó a crecer

Jesús Chucho Reyes, esteta

José de Jesús Benjamín Buenaventura de los Reyes y Ferreira, mejor conocido como Chucho Reyes, nació en Guadalajara el 17 de octubre de 1882. Sus primeras incursiones en el arte incluían ambientación en bodas, bautizos, fiestas y plazas de toros. Su trabajo como anticuario inicia en Guadalajara y es recordado no tanto por las piezas que vendía, sino por las envolturas que utilizaba y que luego se convirtieron en piezas de museo: papeles de china “embarrados” de color con imágenes de gallos, tigres, caballos, cristos, etcétera, que él mismo pintaba. En 1938 Reyes fue expulsado de Guadalajara y enviado por las autoridades a la Ciudad de México. Según un diario local, a Jesús Reyes Ferreira se le acusó de “invertido, corruptor de menores y organizador de saturnales, en su domicilio en el cruzamiento de la calles 8 de Julio y Morelos”. Se establece entonces en la Ciudad de México y entabla amistad con artistas que le reconocerán una influencia permanente en su trabajo: Juan Soriano, Raúl Anguiano, Luis Barragán y Mathias Goeritz. Pintor, anticuario, decorador, Chucho Reyes fue ante todo un esteta cabal y, sin querer, un filósofo del arte. En una entrevista le preguntaron qué era lo que más le interesaba. “Lo bonito…y ¿qué es lo bonito? ¡Pues lo que a mí me gusta!” Jesús Reyes Ferreira murió en 1977 a la edad de 95 años. El secreto de su longevidad: “llevar una vida feliz, tener muchas ilusiones y muchos pendientes.”

Autor: Sergio Ortiz
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