El siglo que nos obligó a crecer

A Palillo le disgustaba la escuela

Al cómico Jesús Martínez Rentería, Palillo, nacido en el barrio del Santuario de Guadalajara, nunca le gustó la escuela. En el colegio Luis Silva, que en ese tiempo funcionaba como internado, pasó muchos domingos castigado, sin ir a casa, por ponerle apodos a los maestros y por algunas otras ocurrencias. Su padre, Jesús Martínez, era músico y quería que sus hijos aprendieran a tocar algún instrumento, pero la muerte se lo llevó antes de que pudiera enseñarlos y su mujer, que daba clases de catecismo, vendió el piano para solventar los gastos. Cuando corrieron a Palillo del Luis Silva, su madre lo envió a reformarse a un plantel militar en la ciudad de México, la Escuela Industrial, y como si fuera argumento de película cómica mexicana, el pelotón al que pertenecía el futuro actor y pionero de la crítica política en las carpas de México, estaba comandado por Mario García Vargas, Harapos, que luego participó en películas como Capulina corazón de león, La mujer del carnicero y Tívoli.

Autor: Angélica Íñiguez
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