El siglo que nos obligó a crecer

Primer estadio

Lo que comenzó siendo unidad de medida para los griegos (600 pies, distancia para fijar la meta de competencias atléticas), derivó mediante el rebote multisecular de la lengua en denominación de lugar en donde se desarrolla algún tipo de competencias deportivas. Así, la Guadalajara que iba dando cara a la modernidad sigloveintesca –imitando casi siempre y no para bien–, decidió en 1929 tener un estadio. ¿Dónde? No se encontró mejor terreno que el espacio ocupado por el cementerio de Los Ángeles, que cuando se fundó en 1833 estaba en despoblado pero que ya había quedado dentro de la ciudad. Sobre tumbas y muertos, y tirando el portal majestuoso del panteón, los ingenieros Aurelio Aceves y Salvador Ulloa dirigieron aquella obra cuyas sobrevivientes fotografías lo muestran como una horrible fortaleza tipo medieval. En 33,270 metros cuadrados, con un costo de 160,000 pesos, y capacidad para 20,000 espectadores, entre las calles de Los Ángeles, Cinco de Febrero, Analco y la de Estadio, la inauguración se realizó en 1930. “Obra de positivo beneficio para la comunidad… (ajustada) a las necesidades imperiosas del progreso…”, dijo la prensa al tiempo. Pero el imperioso progreso veinte años después tiró el estadio para hacer en su lugar la Central Camionera –la primera y no tan absurda como la segunda.

Autor: Álvaro González de Mendoza
<< Anterior Siguiente >>