El siglo que nos obligó a crecer

Lulú y el Teatro Obrero

El Teatro Obrero se convirtió en el lugar de los tapatíos para conocer a las bellas mujeres, llamadas “exóticas”, que mostraban sin pudor ni culpa sus voluptuosos cuerpos, agregando a ello sus atributos –cuando los había– en el canto y en el baile. Fueron muchas las “bellas” que con sus actuaciones les permitieron a los hombres de Guadalajara manifestar sus pasiones retenidas por la moral religiosa. Alrededor de 1929 y 1930 se recuerda a María González, Lulú, a Julia González y a Flora Barragán. De todas, sin duda la más memorable fue la Lulú, quien conocedora de sus atributos y del lugar privilegiado que tenía entre su público, llegó a levantarse la ropa, mostrar sus piernas, quedarse en “paños menores” y, provocando el paroxismo sensual, mostrarse completamente desnuda. Estos actos fueron los que popularizaron la frase de “¡da puerta, Lulú!”, que entusiastas y lujuriosos asistentes le demandaban a la bella “exótica”.

Autor: Hugo Torres Salazar
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