El siglo que nos obligó a crecer

Infancia de Juan Soriano

El papel, la tinta, los pinceles, el barro, eran los juguetes de Juan Soriano (Guadalajara, 1920), quien descubrió su vocación de artista al ver frente a su casa, tras la reja de una ventana, a un hombre vestido de blanco que sobre una cartulina blanca dibujaba en blanco y negro las figuras de Mutt y Jeff (Benitín y Eneas), copiándolas atentamente de la página de monitos de un periódico. El descubrimiento no eran los monitos que conocía, sino la magia de copiarlos, agrandarlos, trasladarlos al papel. Observó sin pestañear, después corrió al interior de su casa; en la tapa de una caja de zapatos blanca copió del periódico las mismas figuras –pero a color, que el periódico no tenía. Y de ahí copió ilustraciones, cosas, animales y, por último, personas. El amor por la escultura le nació de ver las figuras de masa que su nana Mary le hacía para entretenerlo; y su primera escenografía la hizo a los siete años con títeres propios. Continuó siendo niño hasta el día de su muerte a los ochenta y cinco años.

Autor: Nuria Blanchart
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