El siglo que nos obligó a crecer

¿Quién cerró los templos?

Desde la noche del 30 de julio de 1926 hasta el 29 de junio de 1929, los templos católicos del arzobispado de Guadalajara estuvieron cerrados. Se hizo creer a los tapatíos que quien los ordenó cerrar fue el presidente Plutarco Elías Calles, cuando en sentido estricto fue una respuesta de la propia autoridad eclesiástica. El 14 de junio de 1926, el ejecutivo federal había expedido una ley que reformaba el código penal, reglamentando el artículo 130 constitucional, que destacaba la obligación de los sacerdotes a registrarse como encargados de los templos y hacer los inventarios correspondientes. La reacción de la jerarquía católica ante las medidas legales impulsadas por el presidente, denominadas genéricamente como la Ley Calles, fue de inconformidad abierta. El clero contestó con un alarde de desobediencia y rebelión, llamando “persecución religiosa” a las acciones emprendidas por el gobierno. Tanto el arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, como el arzobispo de Durango, José María González y Valencia, convencieron a los demás obispos de adoptar una posición rebelde: “No se obedecerá la Ley Calles, se cerrarán los templos, y se exigirá a los padres de familia que sus hijos no acudan a las escuelas del gobierno”. Después vendría lo peor.

Autor: Adolfo Ochoa
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