El siglo que nos obligó a crecer

La muerte del Panteón de Los Ángeles

Antes de ser la decrépita Central Camionera que es hoy, el terreno entre las avenidas Los Ángeles, 5 de febrero y Dr. R. Michel fue el Estadio Municipal. Pero antes de eso fue un cementerio. Del más hermoso panteón que hoy tendría Guadalajara quedarán bastantes esqueletos humanos debajo de la vieja central, pues quienes construyeron el recinto deportivo no se tomaron la molestia de exhumar los cadáveres. Más bello aún que el de Belén fue el panteón de Nuestra Señora de Los Ángeles, que según diversos historiadores tenía capilla y nichos de cal y canto. Verdad, mentira o simple rumor urbano, trascendió –incluso en algún medio escrito– que había un jugoso tesoro escondido en el cementerio, y un día en la década de los veinte comenzó la muerte del magnífico espacio arquitectónico, pues su tumbas fueron saqueadas aparentemente por cristianos (o paganos, o ateos) en busca del mentado tesoro. Lo mismo ocurrió con otros edificios que hoy serían patrimoniales, por lo que el investigador Salvador Jiménez se pregunta si no hubo “algún interés oscuro, particular o gubernamental” que fuera en realidad el que promoviera su destrucción. Al fin y al cabo, la modernidad dictaba que había que construir allí un estadio.

Autor: Angélica Íñiguez
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