El siglo que nos obligó a crecer

Benavente y Polidor

Cualquiera con ralos conocimientos de literatura, sabrá que al dramaturgo español Jacinto Benavente le dieron el premio Nobel en 1922. Lo que no es muy sabido es la desafortunada presencia de la compañía de teatro del laureado autor en la ciudad –después de recibir el premio. A no ser por el lleno registrado la noche de la presentación de Los intereses creados, las demás funciones fueron desairadas por el culto público local; a tal punto que la compañía teatral se fue de la ciudad sigilosamente, sin despedirse. No tuvo éxito a pesar de que fue encargado de la publicidad un “experto” José Francisco López, alias Polidor, analfabeta pero con una memoria excepcional que, en las esquinas y entonces vestido elegantemente y con una bocina de lámina, recitaba párrafos enteros de las obras de Benavente. Ese fue el comienzo de la carrera del protopublicista tapatío –sinaloense de origen–, Polidor quien durante muchos y meritorios años fue parte del equipamiento urbano de aquella ciudad compacta. A pesar de la llegada de equipos de sonido, y de las burlas a que era sujeto por la muchachada, aquel ya desarrapado y viejo voceador de gangas y ofertas se ponía en la puerta de las tiendas para convocar a la clientela.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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