El siglo que nos obligó a crecer

Un gigante tapatío

“Los hombres de colosal estatura que han vivido en Guadalajara son bien pocos, tan pocos, que bien podría aplicarse, aunque con alguna exageración, el refrán: ‘Son nones y no llegan a tres’. En cambio, los enanos bien podrán contarse hasta por docenas”. La frase antedicha, aunque pareciera ser una cita de Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, corresponde al historiador tapatío Ignacio Dávila Garibi (1888-1981). Con ella, Dávila Garibi no pretendía hacer un análisis sociológico, sino dar testimonio de la existencia del comerciante y arriero Tomás Gómez Hernández, alias Tomasón, quien tenía una estatura de 2.19 metros, lo que lo definiría como un gigante, es decir, “el que excede mucho en la estatura de la generalidad de los demás”. En 1924, don Juan Ixca Farías lo contrató para que fuera el portero del Museo de Bellas Artes y Etnología, con sueldo, casa y medicamentos. Tomasón había aceptado quedarse, pero no faltó quien le hiciera creer que pretendían matarlo para momificarlo e integrarlo a las otras momias exhibidas en esas galerías. Fue imposible persuadirlo de que aquello era mentira. De todos modos, al año siguiente el gigante falleció.

Autor: Adolfo Ochoa
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