El siglo que nos obligó a crecer

Valle Inclán y las “cinturas de avispa”

Desde siempre, Guadalajara ha experimentado la tendencia a imitar; y ese proceso imitativo en nada se manifiesta tanto como en la moda femenina que ha llegado primero de Europa y después también de Estados Unidos. Así, empezando el siglo XX el patrón imitativo fue la llamada cintura de avispa, que se hacía mediante un corsé de cintas que se amarraban por la espalda y que en muchas ocasiones los ayudantes de cámara tenían que ajustar poniendo la rodilla en la espalda para tirar con más fuerza de la prenda. Aparte de las cinturas de avispa, esta costumbre hacía que las caderas se vieran más prominentes con la ayuda de una especie de tubo de tela relleno que se colocaba a la altura de la región lumbar y se ataba por adelante elevando la región glútea. Pero sobre todo, el corsé levantaba y hacía parecer más grandes los senos que se lucían con pronunciados escotes. Esta forma en el vestir fue motivo para una anécdota del intelectual y poeta español Ramón del Valle-Inclán en una de sus visitas a la ciudad –en 1921–, cuando en un café del centro le dijo a una mesera que vestía de ese modo: “¿Me ofrece usted café… o me ofrece los senos?”

Autor: Mario Z. Puglisi
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