El siglo que nos obligó a crecer

Diario de un profesor

El profesor Tomás Fragoso Villaseñor –oriundo de Tenamaxtlán– llegó a Guadalajara en 1899 para dar clases en el Instituto de San Ignacio de Loyola ubicado junto al templo de San Agustín. Su labor docente prosiguió en 1902, al fundar la escuela López Cotilla, en la cual permaneció hasta 1918. De sus cincuenta años en el magisterio, hizo el siguiente recuento: 11 años sin título y 39 con él. En Tenamaxtlán, 26 años (10 en escuela municipal, 7 en escuela particular, 1 en escuela parroquial y 8 en escuela oficial). En Autlán, 3 años (2 en escuela municipal y 1 en particular). En Juchitlán, 2 en escuela municipal. En Guadalajara, 19 años (1 en escuela oficial y 18 en escuela particular). Además, tuvo 3,911 alumnos: 1,583 en Tenamaxtlán, 303 en Autlán, 393 en Juchitlán, y 1,632 en Guadalajara. Entre sus alumnos había: 14 sacerdotes, un obispo y un canónigo, 8 abogados, 6 médicos, 7 profesores de primaria, 6 ingenieros, 6 militares graduados en el Colegio Milkitar de México, 4 dentistas, 4 contadores, 2 farmacéuticos y 73 maestros de escuela sin título. Y para dejar constancia de su trabajo docente, guardó a lo largo de su profesión: cuadernos de sus alumnos, ejercicios caligráficos, planas de exámenes con caligrafía gótica alemana y francesa, dibujos, listas de asistencias, diarios de clases, libros de texto, resúmenes, programas de estudio, invitaciones a exámenes y documentos personales. Todo esto se conserva en un mueble especialmente diseñado con la leyenda: “Prof. T.F. 50 años de magisterio”, como parte del archivo de la Biblioteca Pública.

Autor: Nuria Blanchart
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