El siglo que nos obligó a crecer

Escuelas constitucionalistas

México es un país de planes; muchos y que no plenamente se realizan. El llamado Plan de Guadalupe fue el de Carranza para combatir a Victoriano Huerta, y estaba fundamentado en ese lema con el que el líder revolucionario firmaba sus comunicados oficiales: “Constitución y Reformas”, señalando el apego a la Constitución de 1857 y afirmando la necesidad de hacer reformas. ¿Cuáles? Cuento aparte, pero los llamados “constitucionalistas” tomaron Guadalajara en 1914 y asumió el gobierno estatal Manuel Macario Diéguez. Entre sus proyectos reformistas, el educativo seguro era prioritario; y para marcar su intención, nada mejor que hacer escuelas: dos, al menos, y monumentales con esos nombres: La Constitución y La Reforma. Terrenos cercenados a la penitenciaría de Escobedo, el lugar elegido. El arquitecto Navarro Branca optó por un estilo neoclásico mixtificado, y manos a la obra las escuelas fueron construidas. Si bien los constitucionalistas hicieron otra constitución antes de ser derrotados por la misma revolución, los edificios prevalecieron. Su intención original –escuelas– fue modificada por los requisitos de época, y hasta de palacio legislativo sirvieron. Luego de refundada la universidad pública, pasaron a ser patrimonio de ella y perduraron hasta que la Escuela Reforma fue reformada sorpresiva y alevosamente en torre tipo jiuston. La otra es actualmente la rectoría de la Universidad de Guadalajara.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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